Publicidad:
La Coctelera

Categoría: Cuentos

2

HISTORIAS DE ALICIA LA PRINCESA

Capítulo 6


A Don Alberto le darían vacaciones y una prima. Santiago y Alicia ya estaban ambos en receso, la única que no se daba ese lujo era Julia. Pero ella no quería irse a ningún lado así hubiese la oportunidad de hacerlo con el dinero de la prima de su esposo. Entonces ambos decidieron que si mandaban a sus dos hijos y ellos se quedaban en la casa podrían compartir tiempo juntos y sería una buena idea para los jovencitos. Cuando tocaron el tema, Santiago brincó,

- ¡Medellín!, donde la Tía Esperanza!, podría verme con mis primos Rodrigo y Edgar –
- Sabes bien que mi familia está loca hijo, esa loca Esperanza, no se cómo hacen para vivir bien. Rodrigo y Edgar ni siquiera están estudiando – Refunfuñó papá
- Pero trabajan… ¡Vamos Ali! Allá podrás conocer el metro y el metro cable, escuinclilla es bueno para las vacaciones –
- Mis ensayos de danzas…-
- Ay Alicia, puedes pedir permiso, igual tu entras a clase en dos semanas, así que si no nos decidimos, no iremos nunca –
- Bueno Santiago, pero te advierto de una vez, que te pasas allá conmigo y me devuelvo sola –

- Vas a tener que hacerle caso – Dijo mamá
- Yo a esa escuincla antes la cuido –
- Bueno entonces creo que estarán por una semana, no quiero que mi hermana se incomode –
- Si papá, una semana estará bien – dijo Alicia
- Ya nos venía bien un descanso a todos. Albert y yo nos quedaremos cuidando la casa y a Marte –
- Oh Marte, podrás sobrevivir sin mí una semana? – Alicia declamaba
- Obvio!!!. Marte no se apega a nadie –
- No sabes los secretos que él y yo tenemos Santiago –
- Oh!. Me los imagino.- Se acercó a su oído. - ¿Le hablas al perro de David?- - No!- soltó una sonrisilla de pícara, - eso jamás lo entendería –
- Vamos Santiago - dijo papá – Tenemos que comunicarnos con tu tía y retirar el dinero.

Alicia estaba confundida. ¿Acaso David le había insinuado algo a su hermano?; o por el contrario ¿había cometido ella el error de hacerlo evidente? Ni al caso, tal vez sólo estaba molestando. Ahora tenía que pensar en el viaje. Pero antes habría un hecho que la dejaría en vela por varias horas del recorrido. Al día siguiente se colocó un vestido rojo que la hacía ver estupenda, mostraba esas bonitas, inexploradas e ingenuas curvas que no dejaba ver a menudo.

David vivía al sur de la ciudad; y la casa de Don Alberto quedaba hacia el norte. Estupenda circunstancia para el amor. Él vendría ese día, según ella escuchó en una conversación espiando a su hermano en el teléfono, por eso lo del vestido había sido a propósito. Pero no era un cuento del que se beneficiaria únicamente ella, él también necesitaba verla, había puesto aquel papel en sus manos de seda aunque nunca pensó en hacerlo. Cuando él lo escribió, lo hizo sarcásticamente, porque se decía así mismo que no servía para enamorarse. Pero algo extraño le ocurría y la única solución era enfrentarlo. Ambos lo enfrentarían, aunque tuvieran tanto miedo, porque Alicia era una niña y el todo ya un hombrecito. Aunque no fuese mucho la diferencia entre ambos, casi unos 5 años, para muchos ojos era peligroso porque ya había dejado de ser común casarse de niña, o buscar un novio mucho mayor para tener estabilidad. Ahora casi todas las niñas tenían novios de la misma edad.

Pero al fin y al cabo ni era muy mayor, ni se lo habían propuesto. Alicia atravesaba una edad extraña pero maravillosa y ella también quería explorar el amor. David llegó y Santiago le abrió.

- Hola viejo! -

- Give me five, man!, ¿Como andas Santiago? -

- Re bien. Me voy de viaje con la Alicia

- Oh…Por vacaciones?. Cuándo se van? -

- Sólo es por una semana. Pero sólo imagínate David, allá en Medallos hay unas viejas muy buenas. -

- Eso dicen. Ojo Santiago que tu tienes mujer. Está tu hermana? -

- ¿Cómo?, Quieres decir que si ella existe o…? -

- Noooo, te pregunto que si ella está – acá – hoy? -

- Y por qué te interesa? -

- Quisiera saludarla -

- No, hermano, no me digas que te gusta -

- No quisiera decirlo de esa manera. Ella me parece que es muy especial –

- Hey, no te me hagas el idiota, quieres algo con ella?. De una vez te digo que es mi hermana -

- Oye santiogro, ¿cómo me hablas asi? Has conocido las mujeres con las que he estado acaso? -

- No -

- Bájale a ese tono. No está de más que digas que es tu hermana, es muy evidente que lo sé - David se burló y luego habló como si le estuviese hablando a un niño. – Es extraño que te pongas así por tu hermana, cuando eres tan indiferente con esos temas y te incomodas que no me guste hablar de tus intimidades -

- Pues es que a la escuincla la voy a cuidar siempre y si tu quieres algo, primero arreglamos tu y yo –

- Que te crees viejo?, deja que ella decida. Igual jamás la trataría como a un objeto, se merecería todo el respeto fuera o no tu hermana, pero nada de esto indica que algún remoto día llegásemos a ser algo ella y yo. También están tus padres y pues puede que no les guste, puede que sí –

- Tienes razón viejo, me han dado ganas de llamar a María, yo digo muchas cosas, pero después llegas tu y me haces caer en cuenta de tantas vainas. Entra que aquí en la puerta no aguanta. –

David entró y vio a Don Alberto leyendo la vanguardia, se saludaron de agrado, Julia había salido y Alicia estaba en el segundo piso.

Santiago gritó por la escalera: -¡Ali, ven, por favor! –. David se exaltó un poco. La chica bajó después de un segundo grito, con el pelo desaliñado pero con el vestido rojo que lucía hermoso. Llevaba unos zapatos negros bajitos parecidos a los zapatos de las bailarinas de ballet. Venía desconcentrada y bajó rápidamente. Ya no podía prevenir nada, en el último escalón estaban los dos muchachos.

- Hola – dijo Alicia

- Cómo estás? - sonrió David, sonrió Alicia.

- Ehhh, Ali es que llamaré a María, ¿podrías quedarte hablando un rato con David?, tengo que ir a llamarla al celular y no tengo minutos del mío y no quiero que él escuche cosas tan cursis, para que no me joda la vida, ¿puedes hacer el favor? –

- No me incomoda –

Seca, así era ella a veces.

- Bueno entonces los dejo. Ya vuelvo. Quedan en protección de papi. Está en la sala, así que mejor vayan a charlar al jardín de la calle -

Alicia estaba muy apenada, David sólo analizaba a su amigo. Santiago no era tan Santiogro, como él le decía a veces.

-Creo que tenemos que hablar de mucho -
- Salgamos David.Papá! estaré afuera con David, mientras vuelve Santiago –

El papá sólo levanto una ceja y siguió leyendo. Salieron

- Se van de viaje…-
- Una semana, creo que salimos el domingo –
- Ese vestido es precioso –
- Sí a mi también me gusta, pero me lo pongo muy pocas veces –
- Por ejemplo hoy que yo vine –
- Por ejemplo hoy que amanecí con ganas de ponérmelo – Mentía
- Que bueno que fue hoy – Estaba muy difícil la chiquilla. Y David ya no sabía qué decir
- El papel que me diste, es muy bonito, pero es mejor que te lo devuelva –
- ¿No te gustó?, es un regalo –
- Bueno lo único que no me parece es que no soy alguien quién hayas esperado siempre. Sólo soy Alicia. –
- Eres diferente a muchas chicas que conozco, por eso te lo entregué –
Ella se quedó mirando el pasto
- ¿No has pensado que podría estar interesado en ti?
El tiempo se detuvo
- He pensado que sería equivocado interesarme en ti -
- Me encantas –

4

HISTORIAS DE ALICIA LA PRINCESA

Capítulo 5

- Hola, Alicia -

Lo miró. Estaba pasmada, no creía que él se pudiera interesar en ella, pero se lo estaba demostrando, quería interactuar... Ambos escogieron la ocasión perfecta, para empezar la aventura, asegurándose de que todos en casa pensaran que era una coincidencia. Era domingo, mamá y papá salieron y se llevaron a pasear a Marte; y Santiago estaba estudiando con David. Alicia estaba en el jardín del patio trasero que quedaba muy cerca de su habitación. En el jardín habían sembrado rosas, trabajo difícil, porque tenían de muchos colores, pero era algo de lo que todos en casa se enorgullecían. En el jardín había una pequeña repisa de madera hacia uno de los laterales con materas de otro tipo de plantas y la mitad de piso que daba con la pared estaba sembrada con pasto, la otra mitad, cemento, sin baldosas, muy humilde, pero con una sensación de completa tranquilidad.

María la novia de Santiago llegó sin aviso, entonces la pareja se sentó en los muebles azules de la casa para hablar. Y David se sintió solo. Entonces pensó que era una muy buena idea aprovechar esa ocasión para hablarle a Alicia. Por eso lo prepararon juntos, ella se hubiera podido ir desde antes, si hubiera salido con sus padres, nada hubiera pasado, si se hubiera encerrado en su habitación como también acostumbraba a hacer, todo esto sería en vano; pero el amor siempre tiene otra historia; y quiere tejer sus hilos en peligrosos abismos, y la niña estaba en el patio y David cruzó la puerta hacia él.

En las circunstancias en que se analiza, no había nada peligroso, sólo iban a hablar, Santiago estaría a unos tres metros, no estaba mal. En otras circunstancias no siempre es tan peligroso las circunstancias como el hecho de armar una conversación y empezarse a conocer con alguien, el mismo hecho de hablar mirando directamente a lo que han llamado las ventanas del alma y empezar a apreciar al otro. Y allí pueden pasar dos cosas empezar a hacerse lo que no se es o empezar a descubrirse con alguien más. Muchos que se hacen lo que no son, se enamoran, los que se muestran como tal, no se aman, ni se quieren, entonces se “amoran”, pero ese término es mejor definirlo con Alicia y David.

- ¿Puedo ayudarte con algo? –
- ¿Ayudarme?, no, no necesito ayuda – pensando ella que David se refería a algún oficio.
- Cierra los ojos –
- ¿Qué?- sonrió
- Ciérralos – era una orden, una orden de hombre.
Despaciosamente Alicia fue divisando la oscuridad, despacio, porque tenía miedo de lo que pudiese suceder cerrando sus ojos.

Inesperadamente David con la mayor delicadeza, tomó sus manos, rozó las palmas, suavemente y dejó caminar los diez dedos de las dos manos, por los diez dedos de las manos de Alicia, quien sintió deseos de hacer lo mismo, pero algo en sí pensó que estaba mal; y enérgicamente retiró las manos.

- ¿Qué haces?- Refunfuñó
- Perdona, no quería asustarte -
- ¿A qué me querías ayudar?-
- A descubrirte, quiero que sepas lo maravillosa que tú eres, lo maravillosos que somos -
- Hay muchas otras maneras –
- Quizá, no conozco otras, ¿tu sí? –
- Tengo una forma de admirar la belleza humana –
- Suena muy interesante –
- Ven –

Alicia empezó a subir unos peldaños detrás del jardín que daban a la azotea. Era simplemente un atajo, pero era muy pequeño, por eso casi nadie subía por ahí. Al llegar arriba, ella se acercó al muro, buscando algo con la mirada. Lo importante no era lo que había en la azotea, sino lo que desde allí se veía.

- Mírame el rostro – Incursionó con melodiosa voz. Veía en David una aptitud de decepción, por lo que había pasado en el jardín.
- Es muy bonito – se sonrojaba David
- ¿Cuántas arrugas tengo? –
- No, no tienes –
- ¿Ves aquella señora?, la que se encuentra tejiendo en esa silla, dos casas hacia allí.

Ella señalaba con el dedo a Doña Rita, una viejita, que se sentaba a tejer y que aunque ya entrada en edad, unos setenta años aproximadamente, llevaba con toda autonomía su vida. Tenía bastantes arrugas, como las de las viejitas y notó sabiamente que la chica hablaba de ella a un quizá amigo o novio. Por eso mantuvo la actitud de una modelo de pintor…

- La veo… y ella tiene muchas más arrugas que tú -
- Y mucha más edad. Pero ella soy yo, hace varias décadas. Lo que quiero que me entiendas es que, no hay mejor manera de admirarme, que admirando a quienes nos han dejado su vida de ventaja. Por eso no hay mucho sentido en utilizar el tacto al principio. Bueno no se si me hago entender, sólo concéntrate en mí pero por dentro. A mí me puede agradar mucho lo que tengas por fuera, pero de pronto no me agrade lo que eres -
- Entiendo, es algo muy difícil –
- Ni yo lo he logrado!!!, no te ofendas por favor por lo que acabo de hacer –
- Sí, me siento ofendido –
- Bueno que me seas sincero es algo que aprecio –
- Pero me has enseñado algo muy importante –
- Y tú eres muy tolerante, y muy especial, el haberme escuchado, es una cosa que pocas personas han captado en mí –
- ¿Tienes amigas?
- Sí las tengo, pero presiento que ellas no me consideran la suya, yo soy tan diferente, que puedo no llegarles a corresponder en todas las ocasiones –
- Entiendo. Déjame probar si aprendí –
- Está bien. –
- Cierra los ojos –
- Alicia no dijo nada esta vez y los cerró de inmediato –
- ¡No los abras! –
- No –
- Abre las manos –

Con duda, Alicia abrió sus manos.
David buscó entre sus bolsillos su billetera; y dio gracias a Dios por que nunca había botado ese papel, era lo mejor que podía darle ahora a la princesa.
- ¡No los abras! –
Dejó el papel entre sus manos y bajó corriendo. Sin mucho que decir se despidió de Santiago y de María, recogió los libros y se fue.
Mientras tanto Alicia abrió el papel y leyó…

“Eres la persona a la que siempre esperé entregarle esto, eres fuente de inspiración.”

6

HISTORIAS DE ALICIA LA PRINCESA

Capítulo 4

Alicia se encontraba confundida y estaba tan frágil que el hecho de pensar en eso le provocaba inmensas ganas de llorar, llorar desesperadamente, casi a veces, sin justificación alguna, sólo quería saciar ese dolor acumulado en el pecho, pero quería guardar ese dolor sola y no dejarlo en brazos de otra persona, ni que nadie la compadeciera. Así era ella, orgullosa, jamás demostraría algo que estuviese pensando; y si quería llorar, entonces reía ante los demás, pero momentos después dejaba en su almohada el rastro.

Unos días después, aproximadas las once de la noche, estaba ella durmiendo, cuando papá llegó a la casa, él se sentó a hablar con mamá y entonces Alicia pensó, que era el mejor momento, para de una vez decirle, que quería ir a Escocia, que si no diría estaba aburrida con su vida de ahora, argumentaría la buena educación de países como ése, mucho mejor, que en el que vivía, y fue a enfrentarse con la pijama.

- Hola papi, ¿cómo te fue? - se dieron un beso
- Bien princesa, vengo realmente agotado, le estaba contando a tu mamá, que hoy tuve el trabajo de varios días en uno, porque en el Hospital, hay un daño en el sistema informático, entonces a mí y a Rosita nos tocó pesado para poder conseguirles a todos la información que querían, las historias clínicas y todo eso, estamos que organizamos de nuevo los archivos.-
- ¿No te subirán de cargo un día de éstos? – dijo Alicia tratando de entrar en el ambiente
- Eso espero – Suspiró papá.
- ¿Quieres café Alicia? –
- Sí mami… es que… yo quería decirte ya papá, para que mañana puedas hablar con Pedro. Dile que sí quiero ir a Escocia, que me parece una gran oportunidad, que lo único que me entristece es dejar a mi familia, pero que puede hacer los trámites desde ahora. Y entonces empezaré a prepararme en ¿escocés?, bueno al menos en el inglés.
- Me parece muy bien hija, no sabes, no te imaginas lo bien que te irá, estoy muy alegre de tu decisión – Sonreía Don Alberto

Todos sonreían. Pero sin que lo notara ninguno, había muchos sentimientos confundidos en sus corazones. Doña Julia sentía una tristeza inmensa, al encontrarse con que su flor un día de éstos se iría y quizá no volvería dentro de mucho tiempo, quizá su pequeñita encontraría un nuevo hogar allá muy lejos y formase una nueva familia; y ya nunca más volvería a darle besitos en su frente, como lo hacía siempre que ella estaba dormida.

Es una condición de la vida, pensaba. Hacer lo mejor que puedas, para que tus hijos sean más felices.
Pero es un concepto mal explicado. No podemos tratar de dar de lo que no tenemos; y así Doña Julia no quisiera, siempre transmitiría ese dolor a Alicia, pues ella no pudo ser más feliz que su hija; y aún amándola con todas las fuerzas de su alma y deseando que ella fuera mil veces Julia, con muchas más oportunidades, le dolía demasiado que ahora estuviera tan cerca el momento de abrirle el camino. Alicia lo percibía, pero era mejor dejar todo así. La felicidad, era ahora una espada filosa y enemiga, sólo la podía obtener con dolor.

Era así, y ambas encontraron en el silencio su alivio, Julia no podría ayudarle a la oruga a abrir su capullo, pues así jamás volaría. Pero tampoco podría acunarla y acostumbrarla a ser sólo un capullo, una idea.

- Mamá, te amo, te quiero como no he querido a nadie, ni voy a querer nunca a nadie más que a ti… – dijo tímidamente Alicia, al día siguiente cuando estaba mamá cociendo y Alicia estudiando. Lo dijo penosa, porque esas cosas aunque se sientan con fervor, son difíciles de hablarlas; y Alicia aunque ya una niña más abierta y diferente, lo dijo rápido.
- Yo… Tú no te imaginas, yo también princesa, te quiero –
Hubo un largo silencio, sólo se sentían, mirlos cantando.
- ¿Has visto, a David, el amigo de Santi?
- Pues claro – miró de reojo a la niña – Me parece que es un muchacho serio. –
- Sí, es muy especial –
- Especial ahhh, ¿en qué sentido, te parece simpático o… guapo? –
- Es simplemente, diferente, aunque admito que físicamente, bueno, es lindo. No puedo creer que te esté diciendo esto, madre, no vayas a creer que me gusta, es que sólo vi que era muy especial. Pero ya se lo malo que es contarle esto a alguien, si él vuelve a venir vas a mirarme cada vez que yo quiera hablarle, me estigmatizaras, como si estuviese enamorada de él. –
- Nooo, claro que no, no lo haría jamás. No te preocupes, te entiendo absolutamente. –
- Gracias, entonces. –
- Pero eso sí, no comentes cosas como éstas con Santiago, él si no podría entenderte –
- Eso lo sé hace mucho, el no se enterará jamás por mi boca. Bueno, igual, es que es una bobada, no es nada, pero, tienes razón, yo nunca le comentaría de esto sobretodo por esa lengüita que tiene. –
- Él no lo hace con intención de herirte, hija, es sólo tu hermano mayor. –
- Eso no le da ningún derecho, los únicos que tienen derecho acá son papá y tú. Y yo sé, que él sólo lo hace porque yo me sienta mal –
- Pues entonces, Santiago ha logrado su objetivo, mira como estás hablando ahora –
- Lo siento, debería no pensar en eso, pero el me está hiriendo constantemente. Y lo peor, es que las cosas que le dijo para que me entienda, son efímeras en él. Toma todo a la ligera. –
- Eso es mejor a sufrir. –
- En parte. –
- No te preocupes, ustedes deben quererse, él te quiere… Cuando tú naciste y él tenía unos 4 años, sabes… me dijo que eras el bebé más hermoso que había visto; y que dejara que él te cuidara. Y después cuando ya podías comer bien, él se acercaba a ti y te daba dulces; y si tu llorabas, él también sufría mucho; y se acercaba y me decía que tu necesitabas cualquier cosa que se le ocurriera. Eso me encantaba, pero yo no quiero que se dañe ahorita que están grandes, eso fue muy hermoso.
- ¿De verdad, mamá? –
- Totalmente…-
- Yo lo quiero a él. ¡Ojalá no me busque!
- Alicia, ve a la tienda, necesito que compres algo –
- Ya –
- Noo, tienes que ir rápido, está ya tarde –
- Ay mamá, por favor, no me hagas parar –
- Por favor, tú no me hagas enfurecer –
- Iba bien la conversación –
- Vé rápido hijita –
- Espera, ahí voy –

8

HISTORIAS DE ALICIA LA PRINCESA

CAPÍTULO 3

El fin de semana Alicia se despertó temprano y acompañó a Don Alberto a hacer el mercado en la plaza, tenían que comprar tomates, zanahoria, pollo, papa, plátano, carne, arroz y todo lo necesario para la alimentación de la semana. La princesa ya era una experta para aconsejar a su padre en eso. Llevaron el carrito de rejilla y de dos ruedas para facilitar el viaje, sin tener que incomodarse con bolsas en las manos. Era bueno para ejercitarse, no estaba tan lejos de casa, pero tampoco muy cerca. Ese olor característico de las plazas de mercado, que era una mezcla de vegetales, carnes y frutas estaba llenando sus narices; el ambiente andaba congestionado y más incómodo era el piso manchado de todo tipo de residuos, con cáscaras, hojas y ya muy negro de la suciedad, que daba cuenta de el gran número de gente que llegaba al lugar, en el que se tenían que hablar con un tono de voz más elevado padre e hija para escucharse. Pero el hecho de que allí encontrasen “rebajitas” para sus compras y que “vecino” y “vecina” se saludaran, en cierto modo lo hacía más agradable. Después de que terminaron de comprar toda la lista; y después de varias discusiones por, qué era mejor comprar, empezaron a caminar cada uno con helado en mano, de esos helados del carrito de en frente de la plaza, que tienen más agua que leche, pero que de todas formas saben bien en un clima tan caluroso a las 11 de la mañana; y empezaron la conversación que papá ya quería terminar.

- ¿Ya has pensado lo de la beca? -
- Sí papi, pero, bueno, no estoy segura de que sea una buena decisión –
- ¿Qué es? -
- No iré -
- ¿Cómo? -
- No quiero dejar esto, mi ciudad, mi familia…-
-Pero Alicia, tu felicidad no reside en los demás, tienes que abrir tus alas, de otra forma siempre estarás ligada al yugo de tu propia esclavitud, no haces las cosas porque siempre piensas en los demás y no en ti –
- Bueno, eso tampoco está mal papá –
- Yo quiero que vayas, sólo conoces un mundo en el que no hay oportunidades para ser grande, para darte a conocer. Tienes que aceptarlo por tu bien, no quiero que te supedites a ninguno de nosotros –
- Darme a conocer ante quienes… ustedes, mis amigas del colegio, eso es lo que me importa, no me interesa si me conoce el mundo entero, además, sólo tengo el talento de leer y de bailar, eso, eso no es mucho.-
- Hija, piensa en las nuevas experiencias, volverás cuando quieras y lo del talento, eso a ti te sobra-
- Pero mi mamá se va a decaer, yo se que ella siente respaldo junto a mí –
- Nos tendrá a nosotros, la cuidaremos. Tu no te imaginas cuán difícil es pensarte allá sola, sin ninguno de nosotros dos y sin tu madre, pero lo hago porque sé que es tu futuro y sé también que eres sensata y que estás en la capacidad de asumir esto; yo creo en ti. –

Hubo un silencio solemne.

- Cómo voy a decir después de que ya lo he pensado que ahora si estoy decidida a ir, no tengo la seguridad, no me he convencido a mí misma -
- Tendré que decirle algo a Pedro, pero, sólo será lo que tú quieras, así que necesito tu decisión mañana. –
- Sí bueno –
- Sí señor – corrigió el padre.
Al momento en que llegaron a la casa, un muchacho, alto, de cabello negro azabache y de un negro similar en los ojos, estaba golpeando la puerta de la casa a la que ellos también llegaban.

- Buenos días… - dijo el extraño tímidamente a padre e hija
Dispuestos a saludar, irrumpió Santiago al abrir la puerta

- Hola Viejo David! – le dio una palmadita en la espalda al muchacho. – Hola papi, hola Ali… él es un amigo de la universidad -
- Mucho gusto David, yo soy Alberto- le estrechó la mano al muchacho dejando a un lado el mercado, en tan mala posición, que casi se cae y por Alicia evitar el desastre, no pudo presentarse ante David.
- Mucho gusto señor –

Vieron a Alicia con el peso y David se afanó a ayudarle, a lo que agregó… - Yo te ayudo – Eso había sido lo más dulce que le pudieran haber dicho en su vida.

Su papá la retiró y subió con David el mercado.

Después, Santiago y David se sentaron a estudiar en la mesa de la cocina y Alicia le dijo a su mamá que acomodaría el mercado, casi, intencionalmente. Estaba la princesa callada acomodando la comida en las grandes gavetas azules, imaginándose qué tan concentrados estarían ambos, hasta que David rompió el silencio…

- Así que tu eres Alicia -
- Si, soy Alicia, ¿te había mi hermano hablado de mí?-
- Sólo le hablé de ti cuando le conté lo de tu viaje a Escocia – triunfó Santiago
- Bueno eso será dentro de mucho. Pensé que le habías contado eso de que me dices escuincla –
David sonrió.
- Sí, lo hago de cariño nena, pero no me subiría el ego contarlo, en cambio a ti si te lo sube – fingió un dulce tono de voz.
- No escondo muchas cosas, así como las que tu acostumbras a esconder –
- Creo que ya has terminado tu discurso filosófico, “es – cuin –cla” -
- Disculpa esta terrible conversación David –
- No, no te preocupes – dijo sonriendo David

Y Alicia subió directo a la azotea a mirar a Marte, a jugar con él.

- No le digas cosas así – replicó David
- Es que pone una cara de ofendida hermosa –
- Es muy bonita –
- Ay, no sigas, no exageres con esa escuincla –
- Sólo está creciendo –
- Sí deben ser las hormonas –
- ¿Qué es lo que quiere estudiar? –
- Creo que Literatura –
- Ustedes se parecen mucho –
- Ni lo digas –
- Es verdad –
- Por favor, explícame éste ejercicio, en vez de hablar bobadas –
- Si…Sigamos…-

Santiago y David se la llevaban muy bien, se habían vuelto amigos, porque se encontraron un día en que se quedaron por fuera de la clase porque ambos habían llegado tarde. Estudiaban en la facultad de Ingeniería Industrial y a David se le facilitaba más el estudio, ambos salían juntos, ahora les había dado la gana de ponerse a estudiar, bueno eso de reunirse a estudiar nunca dura tanto, pero ya David tenía otra razón para ir más seguido a donde su amigo y esa razón era Alicia, ese día la niña le pareció una lindura.

9

HISTORIAS DE ALICIA LA PRINCESA

CAPÍTULO 2

Esa noche cuando Don Alberto llegó del trabajo y después de que cenaron todos, le pidió a Alicia antes de que se parara de la mesa que le regalara unos minutos.

- ¿De qué tema conversaremos papá? - Empezó la niña

- Princesa, ¿Has pensado en tu futuro? -. El padre de Alicia habló con tanta dulzura que hasta a ella le sorprendió. Su madre que recogía la mesa, escuchaba con atención cada palabra, sin embargo no interrumpió la conversación sino hasta el final.

- Pues, sí, creo que ya lo tengo decidido -
- No tienes que apresurarte hija -
- Lo sé desde que usé la razón -
- Puedes estar equivocada -
- A veces ni siquiera se toma el camino equivocado-
- En la filosofía de los errores, hay cosas que siempre marcan, así que hay que pensar muy bien lo que se hace-
- Veo -
- ¿Qué es lo que tanto te apasiona? -
- La literatura, el lenguaje, la humanística, todo en sí. Es algo que me encanta y es muy importante, si te pones a pensar, la expresión oral y las otras maneras de comunicarnos es algo indispensable en la sociedad; desde que nacemos nos comprometen en el lenguaje y tal vez allí también se encuentren muchas respuestas a nuestros problemas actuales -

- Alicia, un amigo, muy amigo, me daría una beca para que estudies cuando salgas de la escuela en dos años -.

Santiago que estaba jugando con Marte el perrito de la casa, se acercó para interrumpir - ¿En qué universidad?

- No sería dentro del país -
- ¿En qué país? – una pregunta esperada de que la hiciera Santiago
- ¿Qué dices Alberto? – entró Julia
- Digo que en dos años, Alicia podría viajar a estudiar en un lugar muy lejos de aquí; y eso es algo que nadie ofrece, sólo Pedro Duarte lo haría, nos conocemos desde niños -
- Lejos es, ¿dónde? – de nuevo mamá
- Escocia. Mi amigo ha viajado muchas veces con su familia, por eso casi nunca lo veo, él sabe de nuestra situación y ahora me quiere ayudar, me ofreció la beca porque él trabaja allá en la rama educativa y porque le he comentado de la gran pasión de Alicia por la literatura, siempre lo noté.
Al oír esto Santiago pasó la mano por la quijada de Alicia, como acostumbraba a hacer y dijo: - Pero qué buenas cosas te da la vida, escuincla, cuando puedas, me llevas a mí también-

Alberto miró a su amado hijo mayor y le habló con un tono apagado

- Sabes, Santi, perdiste dos materias de tu carrera en éste semestre y ese fue el único motivo por el cual no pensé en ti cuando Pedro me habló de la propuesta, no quiero hacerte mal, el que no es disciplinado no puede tomar riesgos y además tu no sabes otro idioma, Alicia tendría tiempo para prepararse y hacer las cosas al derecho -

- ¿Tú qué quieres Ali?, preguntó Julia, adivinando los pensamientos de su hija.
- Yo, e, yo no se, es que estoy sorprendida, no entiendo. ¿Estás hablando de no pagar nada? -

Todos miraron al padre. – Si… hablo de eso hija, de no pagar un quinto de nada y por mucho, de otra manera no sería posible -

- ¿Pero dejarlos?, bueno aún quedan dos años. Yo quisiera, yo no sé… hay tantas…

- Lo sé, por eso piénsalo con calma, Pedro quiere que le dé una respuesta en menos de un mes, así son las cosas, el tiene que empezar a hacer todas las gestiones con calma -

- Me iré a acostar – suspiró la princesa.

Los días siguientes puesto que se encontraba en vacaciones tendría ensayos de danzas en el colegio, las danzas también le gustaban, era algo que le producía entusiasmo. Pero esa noche tenía sentimientos encontrados, casi no podía dormir con ellos, estaba mirando en la oscuridad su vida misma, desnudando sus aspiraciones, sus metas, sus sueños; debajo de las cobijas escuchaba días desconocidos, veía sitios jamás vistos, era grande y era ella, miraba miles de paisajes y aprendía nuevas lenguas, hasta que al fin, cayó en la almohada

Unos días después, Santiago llevó a casa a su novia María. Cuando él la presentó a sus padres y luego a su hermana, Alicia tuvo que contenerse de hablar. Era un descarado para ella desde que había visto la nota de su habitación y ahora se atrevía a presentarle su novia, o quién sabe si en verdad era una novia, a las novias se les quiere.

En la noche, entró despacito al cuarto de su hermano que estaba revisando unos cuadernos que le habían prestado para adelantarse.

- ¿Qué pasó? – como todas las cortas preguntas de Santiago
- Pasa que eres un atrevido, dime algo, en verdad tú, Santiago Guerrero, ¿quieres a ésta María?
- ¿Por qué dices esa estupidez?, es absolutamente obvio que la quiero -
- ¿Entonces Lina que? ¿Tan rápido olvidas? -
- No sé de que hablas –
- ¿Cuándo lo sabes?, nunca, nunca eres sincero. Yo misma ví el papel que te dio Lina –
- Tu no sabes lo que dices escuincla, vete de mi cuarto, no te quiero por acá, no eres nadie para reprocharme, desde cuándo te quieres meter en mi vida, dime… ahora que harás, ¿le contarás a mami?
- Si hubiese querido decirle a mamá, lo hubiese hecho hace bastante. Porque te quiero mucho es que te reprocho las cosas que están mal en tu vida. Soy mujer Santi, odiaría al hombre que me engañara, ¿te quieres sentir así, odiado?
- Con Lina es diferente –
- Cuéntame qué es con Lina –
- Tu estás aún pequeña –
- Se trata de sexo, por lo visto. No le hagas daño a María, cuando te comprometes con alguien es en todo sentido –
- María es preciosa, pero no quiere nada en la cama –
- ¿Eso esperabas? -
- No pero, ¿entonces cuándo será? -
- ¡Llevan tan sólo unos días de novios, qué descaro! –

Santiago rió burlonamente.
- Sólo quería que te pusieras tensa, escuincla, yo quiero a Mari, no la voy a obligar a nada, pero hay cosas que tu no entiendes aún, ya te quedará tiempo y Escocia ay, allá con ese frío hasta te tocará pasar por esas-
- ¡Me das lástima, pero, no te rindas, al menos sabes de geografía! -
Cerró la puerta furiosamente y fue a encontrarse con un libro, al menos para contarle a éste sus penas.

5

HISTORIAS DE ALICIA LA PRINCESA

CAPITULO 1

La familia de Alicia era una familia sencilla, un hogar que lo conformaban cuatro personas, Don Alberto, Doña Julia y sus dos hijos. Don Alberto trabajaba en un hospital todo el día como archivador de historias clínicas y también hacía turnos de recepcionista; con esto y lo que ganaba su esposa arreglando ropa en las tardes y noches, lograron adaptarse al duro mundo económico y también así, sus dos hijos lograron educación en buenos colegios.

-¡Alicia!- Lamó su madre, algo desesperada – ¿Dónde estás metida? Santo Dios…-

Alicia que se encontraba en su cuarto escondiéndose de los deberes y andaba extasiada leyendo Doce cuentos Peregrinos de Gabriel García Márquez, esperó al segundo llamado.

- ¡Alicia! ¿Podrías dignarte si quiera a responderme?.

– ¡Señora!- respondió rápidamente la muchachita, como deseando no dejar la lectura entrecortada. En esas su madre abrió la puerta y al verla, preguntó capciosamente - ¿Qué haces? te he buscado por toda la casa-.

-Es que estaba leyendo un libro, muy interesante, ahora voy en la historia en la que una chica sufre una avería con su carro y al no ver ayuda de ningún camión por la deshabitada vía, acepta subir al único bus que le hace una parada, para que la acerque a un teléfono, del afán olvida sus llaves; pero imagínate, mami, que el bus lleva unas locas, el conductor las lleva al hospital y como la chica sólo se da cuenta de esa circunstancia al llegar al hospital, baja con ellas; y los del sanatorio, la encierran también a ella, declarándola como agitada y con una rara obsesión al teléfono; y...-

- Bueno, ya para, está buena la historia, pero, ¿por qué más bien Alicia, te preocupas en ayudarme y dejas de leer?, hay que hacer el aseo de la casa; y yo no he terminado el almuerzo-
Alicia se quedó callada y después que dejó el libro en la mesita de noche, empezó a organizar su cuarto y cogió la escoba para barrer la casa. Era cierto, quedaría más tiempo en la tarde para leer; y ahora podría ayudarle a su madre. Las vacaciones del colegio deberían hacerla sentir más servil.

Alicia era un chica de estatura media, delgadísima, con bonitas piernas, y los ojos y el cabello castaños, físicamente bonita, pero no sería una modelo nunca, se consideraba a sí misma una chica normal. Su hermano salió más alto, con cuerpo de atleta y los ojos claros. Alicia y Santiago, tenían la piel igual; de un color extraño que parecía entre blanco y dorado, una mezcla tonal muy hermosa. Los chicos pasaron una hermosa infancia juntos, pero ahora en la adolescencia todo se estaba complicando demasiado.

La chica continuaba la labor… - ¿Qué es esto?- Se preguntó Alicia al encontrar barriendo debajo de la cama de su hermano un papel rosa con pequeñas letras curiosas. Un papel que decía:

“Como quieras pequeño Santi, si así lo prefieres está mejor, nos veremos en mi casa el viernes a las 5 pm.; y te enseñaré algo que ninguna otra mujer en tu vida te ha podido mostrar. Te aseguro que no habrá ningún compromiso sólo eres el amor de mis sueños lujuriosos. Lina.”

La nota había herido su moral. Alicia estaba con la boca abierta tratando de superar el shock; y pensó que eso que acababa de leer era la peor obscenidad de todas, no tenía derecho a tener un hermano tan asqueroso, ni a leer si quiera un papel tan horrible. Se mordió los labios dispuesta a ir a contarle a su madre lo que había encontrado, pero se detuvo un poco antes porque pensó que era mejor no causarle tantos dolores, al fin de cuentas era un hombre y quizá si la nota llegara a manos del padre, porque su madre no era quien implantaba castigos en casa, no habría ningún problema, muy en el fondo su padre se sentiría feliz con una prueba que confirmara la hombría del primogénito. Era mejor dejarlo así, sólo decidió dejar la nota en el mismo lugar.

Cuando Santiago llegó a la casa desde la universidad para el almuerzo, estaban sentadas esperándolo su madre y Alicia, al entrar saludó de un beso a Doña Julia y cuando pasó junto a Alicia le acarició dulcemente la quijada y le dijo: - Hola escuincla -, ella rechazó enérgicamente la caricia y sacó de su alma un: - ¿Podrías llamarme por mi nombre? –

- ¿Cómo? ¿Así de ariscas son todas las mujeres? ¿Qué te pasa, te acaricié y te pones brava?, eres una escuincla, apenas tienes 14, en eso no hay discusión - se expresó Santiago

- Y tú 18, ¡por favor!, apenas termino de ponerles los pañales y de quitarles el biberón a ambos, ¡basta! no quiero que peleen en la mesa nunca más, agradezcan sus alimentos a Dios y comamos tranquilos chiquitos. Y si no pueden comer el alimento que hace falta en tantos sitios, sin remordimientos el uno con el otro, prefiero que se mueran de hambre a que se llenen de odio los corazones -, replicó Mamá, alentando el ambiente, cómo sólo ella lo sabía hacer.

2

EXTRATEGIA

Dicen que una vez, habia un ciego sentado en la vereda, con una gorra a sus pies y un pedazo de madera que, escrito con tiza blanca decia:

" POR FAVOR AYUDEME SOY CIEGO"

Un hombre que pasaba junto a el, se detuvo y observo unas pocas monedas en la gorra.

Sin pedirle permiso tomo el cartel, le dio vuelta, tomo una tiza y escribio otro anuncio. volvio a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue.

Por la tarde el hombre volvio a pasar frente al ciego que pedia limosna, su gorra estaba llena de billetes y monedas.

El ciego reconocio sus pasos y le pregunto si habia sido el quien reescribio su cartel, y sobbre todo, que habia puesto.

Y el publisista le contesto, "Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras" sonrio y siguio su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decia:

"HOY ES PRIMAVERA, Y NO PUEDO VERLA"

Cambiemos de extrategia cuando no nos sale algo, y veran que puede que resulte de esa manera.